Agonía del género y
potencia del nombre*
(Constitución de la estética
piazzolleana)
Carlos Kuri
¿Qué es lo que
Piazzolla produce en el género tango?
Es necesario considerar dos líneas para responder esta pregunta.
Por un lado el estado, social, estético y musical del tango. Y por otro, la operación
que en ese contexto lleva adelante Piazzolla.
1) Entre los años 20 y 60 el tango tiene su
momento de hegemonía y de ocaso. Los cantores y las orquestas típicas tuvieron, hasta
fines de la década del 50, una expansión social y un dominio del espectáculo. Y
también un desarrollo estilístico, una consolidación de su estética. Una estética que
había conseguido amalgamar en un exquisito equilibrio, la estructura de la orquesta
típica, el sitio del cantor y la escena de los bailarines.
Es con la perfección que había alcanzado la orquesta y la
composición de Aníbal Troilo, que en 1948, con versos del poeta Homero Manzi, y para la
voz, grave y sobria, de Edmundo Rivero, que nace el tango Sur[i], obra monumental en la historia del tango. Pareciera que la
mecánica del género hubiera alcanzado allí su punto máximo. En esa trilogía de
Troilo, Manzi y Rivero, en esa combinación de canto, música y poesía (que no descuidaba
al baile), es donde también parece tocarse un límite.
Ahora bien, el tango no era sólo un arte, era también el
código socio-cultural de lo porteño[ii]. Y es precisamente en esa instancia donde la idea de
género adquiere su fuerza. Y si bien el género es una representación, una ficción, que
cada música necesita para existir, para ubicarse en el caótico y multirreferencial mapa
del arte, es indispensable reparar sobre las características que esta figura adquiere en
el tango.
El tango no sólo hace del género una herramienta
estética, sino que además le otorga al género una eficacia ética. El tango agrega a
los criterios para identificar los atributos esenciales de su música un requisito ético.
Se organiza así un dispositivo de admisión y de rechazo, de lo que entra o debe ser
excluido de la condición de tango, que tiene la vehemencia de la separación entre el
bien y el mal.
2) ¿Cuál es la estructura de la estética de Piazzolla que hace
posible su incidencia excepcional en el género?
Responder esto implica exponer la manera en que Piazzolla
alcanza un estilo. El trayecto hacia el estilo está hecho de fuertes conflictos, y si
bien siempre la consagración del estilo supone alcanzar el dominio de lenguajes
heterogéneos, en el caso de Piazzolla esto fue un combate, que terminó conformando una
tensión interna, benéfica y estructural en la naturaleza de su música.
Lo que en los años 40 lo dividía entre
composiciones de carácter culto y tangos, entre su formación académica con Alberto
Ginastera[iii] y su
participación como bandoneonista en la Orquesta de Troilo, entre el Teatro Colón y los
cabarets, alcanza en 1954 un estado crítico. Alejado del bandoneón y ocupado por la
música clásica, ese momento ha quedado cifrado en la recomendación que, durante las
clases que tomaba en París, le da Nadia Boulanger: sus obras eruditas están bien
escritas, pero usted está en sus tangos.
Hay muchas maneras de entender esta indicación de
Boulanger, pero seguramente la más exacta es la que no se enreda en la pregunta acerca de
qué quiso decir la célebre Maestra, sino la que se orienta por las
consecuencias en la obra de Astor: después de ese
episodio Piazzolla retorna al tango y a su instrumento, el bandoneón. Pero más que
volver dócilmente al tango, cambia al tango de lugar. Lo que antes era lo clásico o
el tango, ahora ha de ser lo clásico y el tango, pero del modo más eficaz: se trata de trabajar los
procedimientos de la música erudita con la raíz del tango. Sin alienarse en la
tradición musical europea, aprovechar desde el tango la constelación técnica de la
música.
Piazzolla tramita
entonces el combate inicial de sus influencias: aquella tensión generada entre la
formación europea, el jazz y el tango, no es eliminada, es transformada en identidad
estética. Nace así una música tan pasional como elaborada, hecha de una mezcla
inédita y sin eclecticismo, ese es el sitio donde se asienta la estética piazzolleana.
A Partir de 1955, con el Octeto
Buenos Aires[iv],
Piazzolla introduce ya de un modo definitivo los elementos que alteran el tango e
inauguran su contemporaneidad, elementos que para el mundo estético y ético de lo
porteño son una herejía.
Elimina
el lugar privilegiado del cantor; ahonda de ese modo el trabajo instrumental en una
dimensión camarística (incluyendo la guitarra eléctrica, un timbre absolutamente
extraño para el género, con la que además comienza a plantearse con rigor el lugar de
la improvisación en el tango). Profundiza el contrapunto e incorpora una elaboración
armónica inusual para el género. Abandona definitivamente el modelo de la orquesta
típica. Olvida y expulsa brutalmente al bailarín, cosa que arrastra un doble efecto:
define el carácter auditivo de su tango (el cuerpo que se requiere ya no es el que se
descarga en las pistas de baile, sino el que se carga con la tensión y la minuciosidad de
los instrumentos). Y junto a esto, como una proclama, renuncia a la dimensión del
tango-espectáculo.
Hay que ubicar también a partir de aquí la unión
inexorable entre la ejecución y la composición.
La intensidad que Piazzolla quiere para la ejecución penetra en la partitura misma, se
trata de alcanzar una palpitación física de la nota escrita. El bandoneón, la marca de
su estilo como ejecutante, su concepción del fraseo, el tratamiento imprevisto del tempo, la explosión visceral que interrumpe la
calma, es más que la excelencia del intérprete, afectan al tratamiento mismo de la
partitura.
Durante décadas, el tango fue tolerando sin fracturas la
amplitud de la esfera del género. Cobijó las primeras transformaciones orquestales y
violinísticas de De Caro, el tratamiento tanguístico de la síncopa de Pugliese, la
sofisticación de los arreglos de Galván, las innovaciones bandoneonísticas y la
exquisitez orquestal de Troilo, el modernismo conciliador de Salgán. Todos ellos ayudaron
a delimitar esa bóveda virtual del género. Las diferencias y los desvíos eran
pacíficos, o por lo menos, tratables en el interior del género[v].
La ruptura que introduce Piazzolla fue erróneamente
percibida como un amenazante parricidio, con el pánico de perder el centro técnico,
estético y ético. Sin embargo, el corte con el que Piazzolla penetra el género no
equivale a una caprichosa deformación o a la intrusión de elementos impertinentes con la
ambición de complejizarlo. Si Piazzolla ha sido una pesadilla para el género amurallado
del tango lo es porque lo arrastra hacia una disolución de ese interior.
No es la evolución ni el exilio de Piazzolla del género
lo que explica su ruptura, es algo más potente, para decirlo de algún modo, lo que hace
Piazzolla es llevar al tango hacia otra forma geométrica. Esto es, si antes la figura del
género se definía en la distinción clara de interior y exterior, en la insistencia de
separar el tango de aquello que no lo era, a partir de Piazzolla, del hecho de penetrar al
tango con fugas, disonancias, o alusiones
a ritmos stravinskyanos, presenciamos la contaminación brutal del tango con
una constelación musical exterior, ignorada o rechazada. Con Piazzolla no hay
más interior del tango, género protector con aduanas infalibles, la identidad se hace de
otra manera.
Piazzolla consigue de este modo un tango, con una fuerza
tal, en el que pueden entrar en contacto, sin quitarle identidad, desde Gary Burton al
Kronos Quartet, desde Milva a Gerry Mulligan[vi]. (Y dejar instalada una estética donde ahora parecen
convivir desde Al di Meola hasta Emanuel Ax, desde Gidon Kremer hasta Phil Woods).
Esta operación, lejos de fusionar géneros o estimular el
eclecticismo, se hace con la consagración de un estilo (de eso que nos permite decir
esto es Piazzolla, como se dice esto es Debussy o esto es
Picasso): Piazzolla consigue establecer un
lenguaje homogéneo sobre elementos dispares y rebeldes, no tolerados por el género pero
sí dominados por el estilo.
Hay así una transformación (que nos hace percibir los
cambios y el parentesco con el tango anterior), pero también una mutación (que nos
muestra la distancia infinita, lo incomparable que tiene Piazzolla con el tango anterior),
ese paso único, que va del género, de su agonía, hacia el nombre propio.
[i] Homero Manzi (1907-1951) fue
uno de los principales poetas del tango, Edmundo Rivero (1902-1986) esta ubicado, junto a
Carlos Gardel (1890-1935) y a Roberto Goyeneche (1926-1994), dentro de los más
importantes cantores del tango, aquellos que fundaron un estilo para la voz del género.
[ii] La palabra porteño alude
al habitante de la ciudad porturaria de Buenos Aires, lo porteño incluye en lo que
estamos diciendo precisamente al habitante de esa ciudad y a sus relaciones sociales y
emocionales.
[iii]
Compositor
argentino (1916-1983), uno de los más importantes junto a Astor Piazzolla, quien fue su
primer alumno.
[iv]
El Octeto Buenos Aires fue el primer conjunto que
formó Piazzolla con una estructura radicalmente distinta a la de la orquesta típica
(generalmente constituida por cuatro bandoneones, cuatro violines, piano, contrabajo y uno
o dos vocalistas), es considerado por el mismo Piazzolla como el punto de partida del
tango contemporáneo. Estaba compuesto por dos bandoneones, dos violines, violoncelo,
piano, guitarra eléctrica y contrabajo.
[v]
Se
trata de algunos de los músicos que marcaron la historia del tango. Julio De Caro
(1899-1980) violinista, director y compositor; Osvaldo Pugliese (1905-1995), pianista,
director y compositor, irradió su estilo, de ostinación rítmica, desde su
piano hasta su célebre Orquesta; Argentino Galván(1913-1960), fundamentalmente
arreglador; Aníbal Troilo (1914-1975), director, especie de Gardel de las
Orquestas Típicas, compositor, como bandoneonista consiguió un estilo que sintetizó la
técnica, la fuerza y el fraseo de los mejores bandoneonistas que lo precedieron; Horacio
Salgán (1916), excepcional pianista, director y compositor.
[vi] No es el caso de las
grabaciones de 1956 de la Orquesta de Osvaldo Fresedo (director, compositor, caracterizado
por el tratamiento melódico del tango) con Dizzy Gillespie, reducida a una anécdota
musical, aislada y sin consecuencias estéticas.
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